Cuando hacemos referencia a las NEE, Necesidades Educativas Especiales, hablamos de aquellas necesidades que no pueden resolverse por los medios y los recursos metodológicos, didácticos y pedagógicos que utiliza la Escuela Común, es decir, las Necesidades Educativas Comunes (NEC), donde se comparten aprendizajes esenciales para la socialización, los conocimientos y el desarrollo personal de niños y niñas. No obstante, al hablar de NEE, nos encontramos ante un problema que cuesta bastante definir, porque detrás de dicha descripción existe confusión y también se advierte ignorancia, desinterés y facilismo.
Actualmente, con bastante ligereza, todo niño que presente algún grado de dificultad en los aprendizajes, por muy leve a veces parezca, será un posible alumno de la Escuela Especial, por lo tanto se lo catalogará como un niño con NEE. Y no precisamente porque siempre necesite de estas instituciones; esto es, lisa y llanamente, porque nadie quiere hacerse mayores problemas con un niño que no está en condiciones de aprender con los métodos, las pedagogías y las didácticas tradicionales, y muchos colegas, soberbia mediante, no quieren cuestionarse ni sus prácticas docentes, ni las metodologías, ni las herramientas, ni las estrategias, ni las formas ni los criterios de evaluación, etc. Es más operativo dejarlo abandonadoa la deriva (bajo el supuesto "no puede"), para que otro se haga cargo del problema.
Así, en honor a lo anterior, a estos niños y niñas se los tilda con los diversos motes existentes para una misma problemática (de acuerdo a la época), que han ido variando con el paso del tiempo. De esta forma, muchas veces por desconocimiento, se los "diagnostica", a la ligera, como disléxicos, afásicos, dislálicos, limítrofes, profundos, moderados, etc., y allí empieza el eterno peregrinaje de los padres. Hoy, la moda imperante, la última novedad, es considerar a cualquiera que se distraiga, o que le cueste mayor esfuerzo poder concentrarse, como un niño con Sìndrome de Déficit Atencional (SDA), y no se consideran las distintas capacidades, los diferentes estilos cognitivos, los intereses particulares, los tiempos y formas diferentes para aprender a aprender,ni la motivación.
Recordemos que los maestros y profesores, de todas la especialidades deben, obligatoria y mancomunadamente, consultar y cooperar con el gabinete técnico-pedagógico y brindarle a éste los informes de seguimiento requeridos y necesarios para un trabajo en conjunto, que pueda ayudar a resolver o facilitar la orientación a los padres. Pero esto no los faculta a los docentes, excepto que posean otros estudios complementarios, a diagnosticar. No obstante, ninguno de estos colegas, que se atribuyen desde el desconocimiento el poder de ofrecer un diagnóstico al "ojo" y sembrar la duda, se tomó el tiempo suficiente para investigar o comenzar a confeccionar un seguimiento responsable de situación de porqué aquel niño no habla, porqué el otro no atiende, porqué confunde las letras, etc. Y lo más fácil, hoy en día, es derivar a la Escuela Especial. Y, como bien sabemos, la escuela especial no es para todos o cualquiera, tiene a un universo delimitado, específico, al cual atender. Resultado: nuevos expulsados del sistema, porque no tienen un lugar, se los arrebataron, y la Escuela Especial no los puede recibir, porque simplementeno tienen o no presentan los problemas que esta escuela atiende.
Las NEE, a veces mal llamadas necesidades educativas especiales, históricamente han sido relegadas a escuelas diferenciales, que trabajan a "puertas cerradas" de las demás escuelas de sistema educativo, quedando totalmente desvinculadas de la realidad imperante al interior de las escuelas comunes, en detrimento de una educación inclusiva, pensada con equidad e igualdad de oportunidades para todos. Por lo tanto, es habitual que encontremos un sistema educativo expulsivo, fraccionado entre estas dos modalidades opuestas, sin que se planteen o promuevan instancias de participación, inclusión,de acercamiento, ni demasiados esfuerzos para que los alumnos de escuela común y especial puedan vincularse, conocerse, concretar y compartir espacios comunes de trabajo o intercambiar experiencias educativas significativas para ambas, pensadas como una nueva alternativa pedagógica, desde donde todos, igualmente, van a aprender y se van a beneficiar:
a) el niño de la escuela especial, al no sentirse con el techo cognitivo impuesto, presionado por el "no puede".
b) el niño de la escuela común, al comenzar a convivir con la diferencia.

NUEVOS PARADIGMAS, OTRA EPISTEMOLOGÍA, NUEVOS APRENDIZAJES SIGNIFICATIVOS PARA TODOS

En educación, tanto en el plano general como en el específico, es imperioso romper con determinados paradigmas existentes, anquilosados, que aún persisten como áurea formula. No es extraño, pues, ver a la Educación Especial, como algo que todavía merece ocultarse, apartarse de ella por si es contagiosa, segregar, convertir a estas instituciones en los nuevos leprosarios.
El positivismo, desafortunadamente para las escuelas y para nuestros aprendientes, no ha muerto. Todavía se enseñorea por las aulas de muchos prestigiosos establecimientos educativos, que sólo consideran inteligentes a todo aquel que puede resolver ciertas fórmulas matemáticas y donde el arte y sus disciplinas son únicamente un adorno más o está pensado para la "fiestita escolar". No obstante, cuando niños y niñas presentan algún impedimento o directamente no aprenden, no se buscan otras fomas alternativas para que esos niños y niñas puedan aprender a aprender, y todo aquel que presenta o manifiesta alguna dificultad es mirado con desconfianza, aparecen las tan temidas etiquetas (no puede, no alcanza, no tiene pensamiento abstracto, no comprende, no puede simbolizar, etc.); finalmente, lo evalúan con idénticas técnicas -los test, iguales para todos- y se sacan el problema de encima: ¡lo envían a la escuela especial! Allí sí tendrá un lugar, allí sí lo podrán atender y se le respetarán los tiempos individuales, allí sí podrá pasar cuánto tiempo quiera, sin enviarlo a proceso, sin hacerse mayores problemas: ¡Es discapacitado!
Existe un gran desconcierto en las escuelas, en todas, y mientras los docentes no nos sentemos a intercambiar y discutir experiencias, necesidades y realidades extremas que vivimos y que nos afectan a todos por igual, el sistema educativo - al igual que ambas modalidades (común y especial)- no va a avanzar ni se producirán los grandes cambios que precisamos y la brecha entre capacitados y discapacitados se hará, cada vez, más perceptible y más profunda. Entonces, como la discapacidad nos atañe a todos, mientras no expulsemos de nuestra vida profesional (y de la personal, también) el "no me importa", "el yo no me meto", "el a mí no me toca", "a mi no me llega", "ese no es mi problema", "yo no estudié para eso" y finalmente cambiemos el individualismo por la solidaridad, todo será un barniz sobre otro, parche sobre parche. Y todo se mantendrá como hasta ahora: dividido.
Hoy, inmersos en pleno siglo XXI, cuando en educación pareciera que todo y cualquier cosa tienen exacto valor, cuando se aplican insensatas políticas de ajuste sobre ella, que la pauperizan aún más, donde cualquier modelo emergente - aunque se sepa fracasado- se importa y se impone (y por Ley debe ser aceptado y aplicado) sin consulta y desconociendo si será útil para nuestra realidad, cuando advertimos que por los influyentes medios masivos, hoy en manos de grupos corporativos, se nos entregan pautas de convivencia abyectas y confusas, que privilegian la competitividad, la efectividad, la eficiencia, la eficacia y la holgazanería intelectual, y que las mismas penetran en las escuelas y se multiplican, dando origen a mayor segregación y violencia, más que nunca debemos bregar e inclinarnos por una postura epistemológica superadora, inclusiva, amplia y democrática, donde podamos trabajar desde la complejidad y la incertidumbre, una epistemología que permita reencontrarnos con la condición humana, que valore el conocimiento y que nos enseñe,con urgencia, a transformarnos en ciudadanos pensantes, ciudadanos críticos, tolerantes, reflexivos, participativos y, por sobre todo, democráticos.

LAS PRÁCTICAS DEMOCRÁTICAS NOS PERMITEN CRECER

Como sociedad abierta y plural, no podemos seguir encerrados en prácticas retrógradas y mezquinas. Sabemos que cualquier niño, por cualquier circunstancia -directa o indirecta- puede nacer con alguna discapacidad o convertise en discapacitado en cualquier etapa de la vida, incluso por alguna enfermedad o accidente.
Esto es lo que tenemos que entender como educadores. Tal vez no todos estamos preparados para enfrentar este trabajo y esta particular problemática, pero a cualquiera nos puede llegar el momento de tener que convivir con cualquier tipo de NEE, y para eso tenemos estrategias de intervención ante algún posible caso.Por lo tanto, las escuelas comunes deberían dar el gran salto y preocuparse y acercarse más a las escuelas especiales, pues hay mucho por hacer y aprender (y resolver) en conjunto. Los padres, por su parte, deberían aceptar (y exigir) que en las escuelas de sus hijos hubiera un porcentaje significativo de niños y niñas en integración, aunque sea en pequeños espacios curriculares, en vez de poner tantos reparos injustificados a estas prácticas. Los directivos, finalmente, tendrían que dejar de justificarse, para comenzar a planificar actividades con las escuelas especiales del sector. Sólo así podremos hablar de una educación y de un sistema educativo en y para la democracia.
He aquí, algunos aspectos básicos para tener en cuenta en defensa de estas prácticas:
Los educandos de la escuela especial, dejarán de sentirse estigmatizados o considerados los "bichos raros" y también encontrarán espacios de aprendizaje donde no se van a sentir "discapacitados", que "no pueden", como en el caso de las disciplinas artísticas.

Los de la escuela común, en tanto, al compartir espacios pedagógicos comunes, comienzan a convivir con la "diferencia", a entender la "diversidad" y aprenden más acerca de la "tolerancia", convirtiendo al otro, al diferente, en un "nosotros", en un "igual".

Los aprendientes, de ambos sistemas educativos, comienzan a poner en práctica nuevas actitudes, frente al/los otro/s y desarrollan:
- Respeto por los tiempos individuales
- Aceptación de las diferencias
- Solidaridad
- Cooperación
- Tolerancia
- Actitudes democráticas
Sin embargo, el mayor peligro lo encontramos cuando a niños y niñas con NEE se les coloca, dentro de su propia institución, un tope mutilador, un "techo", hasta donde llegar con sus aprendizajes, cuando en realidad deberíamos partir de un piso, de una base que todos y cualquiera de nuestros educandos posee. Es imperioso, entonces, expulsar el "no puede", "no lo logra" y todas aquellas etiquetas utilizadas cuando no se quieren probar otras herramientas, nuevas estrategias para alcanzar el aprendizaje significativo.